miércoles, 15 de abril de 2015

Protección Civil no para y mas en tiempos de Semana Santa y Pascual

ACTIVIDADES DE PROTECCIÓN CIVIL NO PARAN Y MAS AHORA EN TIEMPOS DE SEMANA SANTA Y PASCUA

Nos entrevistamos con algunos miembros de la oficina de protección civil y nos hicieron del conocimiento que realizan actividades en el municipio y en la Feria del Pan Ponche y Café, donde se les otorgaron cursos de primeros auxilios a los encargados de los puestos de artesanías y expendios del comercio organizado en las aceras de los portales con el objeto que en caso de primera necesidad puedan otorgar esos primeros auxilios, asi como también en la prevención de accidentes a restauranteros para los principales centros turísticos y demás lugares con afluencia turística dentro del municipio.

Comentaron que esta misma capacitación se hizo extensiva a los compañeros de la Dirección de Seguridad Pública así como sobre la prevención de accidentes.
De la misma manera se llevó a cabo una capacitación al personal de protección civil sobre el lenguaje en señas en caso de una emergencia para personas con discapacidad auditiva; De la misma manera se realizan todos los días apoyo en el jardín principal con motivo de la feria del pan ponche y café en donde los turistas acuden a que se les preste apoyo en atención pre hospitalaria.

Así mismo hicieron del conocimiento que el pasado martes 7 de abril del presente año, acudió personal de protección civil municipal para prestar apoyo, para rescatar el cuerpo de un individuo que ya que habían reportado, porque una persona había pasado por ese lugar y había visto el cuerpo del cual no se conocen sus generales, ni el sexo por el alto estado en descomposición en que fue encontrado.














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Relatos y Leyendas del Comala de Ayer, "Robo al Templo de San Miguel"

RELATOS Y LEYENDAS DEL COMALA DE AYER
ROBOS AL TEMPLO DE SAN MIGUEL.
Profr. Rubén Jaime Valencia Salazar

Don Pablo y doña María disfrutaban de un matrimonio consistente, inculcando a sus tres hijos, Petra, Cesárea y Mariano, sólidos principios morales.
Don Pablito, nombrado así por la totalidad del vecindario, quizá por su escasa estatura y
complexión física o por ser todo bondad y atención para con sus semejantes, laboraba en la Compañía Hidroeléctrica de Occidente como responsable en subsanar las fallas en las líneas conductoras de energía o realizando nuevos suministros en los domicilios solicitantes. Don Pablito era auxiliado en los gastos del hogar por su esposa e hijas quienes elaboraban, manualmente, prendas de vestir de especial belleza.
Mariano, el menor de la familia, desde niño demostró una total apatía por el trabajo, pero no así por la vanidad y presunción personal, por lo que muy pronto se inició en el consumo de bebidas embriagantes y en los juegos de azahar; contrajo matrimonio y procreó dos hijos, a quienes los hundió en la miseria y malos tratos físicos.
Mariano, para solventar en parte los gastos que le originaban sus vicios, en algunas ocasiones auxiliaba a su padre en el oficio que el mismo le había enseñado, reparando desperfectos en líneas o realizando instalaciones domiciliarias. 
Fue requerido por el Párroco de la Iglesia de San Miguel para realizar algunos trabajos en el templo, lo que aprovechó para premeditar e iniciar algunos hurtos de las limosnas depositadas por los fieles, robos que inicialmente fueron mínimos y posteriormente los realizó con mayor frecuencia y cantidad.
El Sacerdote al descubrir los faltantes optó por enterar a las autoridades policíacas y éstas implantaron una maniobra dejando algunos agentes en lugares estratégicos del interior. Entrada la noche pudieron observar que una persona, auxiliándose de larga escalera, se introducía por uno de los ventanales existentes en la parte superior, continuaba su trayecto por un mínimo espacio, llegaba hasta uno de los costados del altar principal y descendía por la escalinata localizada en la parte posterior, acercándose hasta el cepo que guardaba las limosnas y al iniciar su recolección, Mariano, fue sorprendido por los agentes.
Al conocerse la noticia en el pueblo un grupo de personas expresaban su deseo de lincharlo, por lo que las autoridades lo resguardaron y trasladaron a la ciudad de Colima para que fuera juzgado conforme a la ley.
Extrema fue la pena y vergüenza familiar, don Pablito enfermó y al poco tiempo falleció; doña María y una de las hermanas del malhechor sufrieron derrame cerebral que les dejó imposibilitadas para realizar la más mínima de las labores y la restante, en unión de las sobrevivientes optó por abandonar el pueblo.
La esposa e hijos menores de Mariano fueron auxiliados por familiares y amistades para que pudieran sobrevivir y ya purgada la sentencia de éste, quien permaneció por varios años encarcelado, se unieron a él y se trasladaron a la ciudad de México, lugar en donde se rehabilitó y laboró como jefe de cobranzas de una importante industria cementera hasta que lo sorprendió la muerte, a sus 89 años de edad, el 11 de Octubre del año 2004. 













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Los Cristeros del Volcán de Colima, Inicia Libro 2o de la Defensa Armada del Movimiento

LOS CRISTEROS DEL VOLCÁN DE COLIMA
 “LA DEFENSA ARMADA, LA ALBORADA DEL MOVIMIENTO CRISTERO”
Libro Segundo Indice

INDICE DE ESTE LIBRO
Capítulo primero
Hombres que prepararon la epopeya cristera
Ruit Hora. 
La génesis del movimiento. 
El iniciador de la cruzada en Colima. 
Incruentas aventuras. 
En la escuela oficial preparatoria de Guadalajara. Secretario general de la Sociedad de Alumnos en la preparatoria oficial de Guadalajara, Jal., su vida cristiana. 
El entonces asistente eclesiástico de la A.C.J.M. El nexo providencial. 
Capítulo segundo
¡Dios lo quiere!
La primera noticia en Colima del movimiento armado. Será cosa tremenda. 
Campaña de oración. 
La noche del año nuevo. 
Listo como balas. 
Llamas de expectación. 
La tremenda misiva. 
La proclama del movimiento. 
El telegrama esperado. 
Capítulo tercero
Locura divina
La oblación. 
Pasado el Rubicón. 
No avise a nadie. 
La última tarde en Colima. 
El chofer. 
Sublime locura. 
El éxodo. 

HOMBRES QUE PREPARARON LA EPOPEYA CRISTERA "RUIT HORA"
Finalizaba el año de 1926. Los perseguidores -veíamos- exacerbaban de un modo inaudito, aquí y en toda la República, sus vejaciones y atropellos a la Iglesia a la cual tenían consigna de aplastar. 
Todos los medios, por inicuos que fuesen, estaban a la orden del día: prisiones, golpes, torturas, destierros, asesinatos perpetrados con lujo de cruel barbarie, etc., el pueblo católico, en tanto, organizado admirablemente bajo la dirección de la Liga NaCional Defensora de la Libertad Religiosa, luchaba con la oración y los medios legales de protestas, manifiestos, peticiones, boycot; pero todo esto no hacía otra cosa que exacerbar la rabia de los tiranos. Probado estaba hasta la evidencia que todo ello no sólo era inútil, sino que no producía otra cosa que aumentar el incendio de odio que ardía en los hombres del régimen de la revolución, en contra de los católicos leales a Cristo y a la Iglesia.
Probado estaba también que Plutarco Elías Calles -el tirano de México--, en unión de sus cómplices, era un infame e injusto agresor y había justo y santo derecho para repeler la fuerza con la fuerza.
Nunca, jamás, a lo que creemos, podían tener aplicación más exacta y rigurosa, las doctrinas consagradas por Santo Tomás de Aquino, el P. Francisco Suárez y los más grandes teólogos católicos sobre la legitimidad, mejor dicho, necesidad de recurrir a la fuerza para salvar a la sociedad atacada en sus bases fundamentales: la propiedad, la familia y la religión.
En efecto, la defensa armada del pueblo católico de México en contra de la tiranía, no sólo era ya lícita sino un acto laudabilísimo y heroico: así lo reconoció el mundo católico, así lo afirmaron con palabras muy explícitas, consultados sobre el particular, suscribiendo con su firma aquel su testimonio, los teólogos y juristas más eximios de la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma, como el P. De la Taille, el P. Oggetti, el P. Mostaza y el P. Arturo Vermeersch, entre otros; declaración que la Revista Católica de El Paso, Texas, hizo pública, y así lo declararon los Ilustrisimos Prelados Mexicanos.
Estaba el ejemplo de los Santos que, cuando fue necesario, recurrieron a las armas en defensa de la Iglesia: para algo están en los altares un San Bernardo, que no se contentó con escribir homilías patéticas para inflamar el valor de los cruzados, sino que reclutó soldados y los lanzó a la guerra; San Luis IX Rey de Francia, que se armó Cruzado contra los detentadores del Sepulcro de Cristo; San Pío V, el formidable Pontífice que organizó la armada que hundió en Lepanto el Poder de la Media Luna; Santo Domingo, que ordenó la Milicia de Cristo contra los albigenses; Santa Juana de Arco, la libertadora de Francia; Santa Catalina de Siena, que predicó la cruzada contra la cismática reina de Nápoles; y otros muchos. 
Para algo las Santas Páginas ensalzaron e inmortalizaron a Judith, la intrépida hebrea libertadora del pueblo de Israel: la virtud no está en el morir con los brazos cruzados, sino en el saber morir.
El mal no está en matar, sino en hacerlo sin razón y sin derecho.
Continuará












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